martes, 28 de febrero de 2012

Fomentando nuestra amistad

Tengo que hacer algo, pensé.
Empecé a caminar por la nieve dejando al grupo detrás. Sabía que él estaba delante, pero no cogí por el camino señalado, empecé a bordearlo y lo oí, él estaba sentado en el camino con uno del grupo y al verme me gritó que no era por ahí, le sonreí y le dije que lo sabía. Me puse detrás de un arbol y comencé a pensar, de pronto se me ocurrió.
-Daviiiiid.
Le grité.
-Ven a ayudarmeeee.
-Que pasa?
-Correeee
Ahí estaba yo con un pie enterrado hasta la rodilla en la nieve.
En cuanto se acercó que se puso de rodillas, me lancé sobre él.
-Te tengo!
Le dije.
Me puse encima y le agarré las muñecas de los brazos, y  acerqué mi cara a la de él y dibujé una sonrisa pícara, pues sabía que esa cercanía le ponía el corazón a mil.
-Pero qué haces?
-Fomentando nuestra amistad. Que ni siquiera me miras, cada vez que posas tu mirada sobre mi la quitas enseguida, me evitas. Mirame como a todos.

Lo miré fijo a los ojos, mi pelo nos servía de cortina, confinándonos en un espacio, aislándonos del mundo, dejándonos solos. Esos segundos antes de que se disparan los mecanismos de defensa eran por los que valía la pena ariesgarse. Oh my god! Que placer, tenerlo tan cerca, sentir en su aura que sí, que sentía por mi, mis miedos se esfumaron, mi corazón gozaba de esos segundos e imploraba que duraran por siempre. Por qué los humanos se tienen que complicar tanto? Por qué no dejarse llevar por lo que sienten sin que ningún complejo o trauma intervenga? Si nada de eso hubiera intervenido, me hubiera besado, pero no, ahí estaba el orgullo.
Que ganas de besarlo! Pero si lo hacía ahí terminaba el juego, y todavía no era hora. Mis ojos se desplazaron de sus ojos a su boca, despacio acerqué mis labios a los suyos, a milímetros de distancia, amagando, haciéndole sentir, después dirigí mi cara a su cuello manteniendo la misma distancia y aspiré. Él siempre olía bien, maniático de la limpieza, olí su perfume de hombre, Fahrenheit de Dior, recordando aquellas noches cuando me quedaba dormida encima de él respirando ese olor y más que nada, para volver a grabarlo y así esa noche volvería a dormir con él o al menos con la sensación de él. Todo eso lo hice rápido antes de que interrumpiera el momento con unas de esas frases absurdas que sueltan los seres humanos para sentirse cómodos.
Lo solté antes de que me soltara el disparate y me levanté, solté una risita pícara y bajé deslizándome hasta el camino.

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